Año III - Número 15
Actualizado a 24/04/2011
Montse Fayos
Escenario verde o principal
Sobresaliente para los Editors, Yann Tiersen, The Kooks y Madness
No es fácil dejar de ser hype
(flor de un día) en la música independiente. Uno puede llamarse Artic Monkeys, Kaiser Chiefs, Maximo Park y cautivar al público menos exigente con canciones similares, ritmos pegadizos y golpes de cadera. Pero tras el subidón del primer disco llega lo difícil, que es sacar un segundo trabajo de calidad y revalidar el éxito con el directo.
Sin duda, los grandes triunfadores del Festival Internacional de Benicàssim 2006 fueron los escoceses Franz Ferdinand, coronados emperadores el sábado en el escenario verde. No fue una guerra mundial lo que desencadenaron con sus canciones sino más bien una revolución colectiva al grito de guerra de Do you, do you want to
. La práctica totalidad de los asistentes al festival estuvieron allí, llenando la zona principal del recinto hasta la última valla, tras la cual también había decenas de personas observando el espectáculo. Un concierto potente, bien hilado, conducido por un Álex Kapranos afable y seguro de sí mismo, consciente de que con esta segunda prueba superada en el Fib su grupo deja de ser un hype
para siempre.
A su vez, el Fib ha cerrado en julio de 2006 la que será recordada con toda probabilidad como la mejor de sus ediciones. Al éxito que supone haber vendido todos los abonos y todas las entradas de día, se suman las excelencias de un cartel en el que todos dieron la talla, aunque algunos fueron más aburridos que otros, sin duda.
El viernes estuvo marcado por la actuación de los Pixies, que a su manera se hicieron notar cuando el público, exceptuando los muy devotos, cambiaba el peso de una pierna a otra y comenzaba a bostezar. La organización del Fib nunca se había enfrentado a riesgos de avalanchas
y demostró que tiene todo un protocolo preparado para la ocasión. El desencadenante fue la negativa del grupo americano a seguir tocando por miedo a que en las primeras filas hubiera empujones y quién sabe qué tipo de extraño fenómeno de masas. El resultado fue un parón de más de media hora tras el cual los Pixies sonaron mucho mejor. Cosas del Fib.
A continuación otros americanos mucho más jóvenes, los Strokes, demostraron que se puede ofrecer una actuación potente, con fans exacerbados, sin riesgos de ningún tipo para el público. Y sin quitarse la cazadora de cuero a pesar del sofocante calor húmedo del verano en Benicàssim. Cosas de Julian Casablancas.
El sábado era a priori el día de
Morrissey, aunque con el tiempo quedaría demostrado que fue el día de Franz Ferdinand
como ya hemos explicado. Desde primeras horas de la tarde el comentario que corría de boca en boca era si este año el ex líder de los Smiths volvería a protagonizar una vergonzosa espantá
como la de 2004. No fue así. El caprichoso artista salió puntual a su cita, llenando con su presencia un escenario presidido por una enorme foto de Oscar Wilde.
El concierto comenzó con un pequeño himno, Panic
, y a continuación Morrissey quemó, quizás demasiado rápido, los cartuchos de sus singles, quedando tres cuartos de un repertorio ligeramente soporífero que sin embargo, como es lógico, complació a sus legiones de fieles. En cuanto a su carisma de estrella, es indudable, ya sea cubriéndose con una senyera
, imitando los gestos obscenos de Michael Jackson o con alguna perla genuinamente suya (esta canción habla de un pintor que seguramente no conocéis
). Cosas de los divos.
Muchísimo más divertidos y enérgicos resultaron ser unos novatos británicos, The Kooks, que precedieron al terremoto Ferdinand. Por cierto, que la Terremoto de Alcorcón andaba por allí, en una actuación sorpresa e improvisada. Cosas de la modernez.
El domingo era una jornada más larga, porque había más grupos interesantes y porque uno intenta estirar las fuerzas al máximo cuando el Fib entra en su recta final. Así, la tarde comenzaba con los convincentes Editors bajo una manta de sudor y el sol caía con Yann Tiersen, el francés que además de la música de Amélie compone otras excelentes canciones aunque nadie las conozcamos.
El Escenario Verde arrancaba con Madness, esos ingleses maduritos que han compuesto decenas de canciones populares muy bailables (Must be love, Our house). Coreografías muy divertidas y bailes frenéticos se adueñaron del escenario, para horror de algunos modernos
que prefirieron refugiarse en carpas y barras de cerveza.
La gran expectación de la noche era sin duda Depeche Mode, que ofreció el mismo espectáculo que días después en Torrevieja. Sin duda un concierto para seguidores ya que a los que no somos muy entendidos en el tema nos dejaron un poco fríos, quizás sólo revivimos con el Personal Jesus
. Desde luego Placebo no nos sacó del aburrimiento ya que echamos de menos el karaoke de grandes éxitos, centrados como estaban en un último disco que suena mucho mejor en el reproductor de casa. Qué se le va a hacer.
Aún hubo tiempo para una carpa de pop en la que sonaron los grandes éxitos de esta edición. Cuando España se ha convertido en un semillero de festivales de todos los tamaños y colores, el Fib ha resurgido para recordar que fue el primero y sigue siendo el mejor. No ha sido cuestión de dos actuaciones, como les ha sucedido a Franz Ferdinand, sino de doce ediciones desiguales pero el reinado ya es indiscutible. La corona está en Castellón.
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