Volver a la portada de este número

Número 37
3 de Abril de 2011

Entrevistas

El Famós, comida tradicional en plena huerta valenciana.

Paco Sebastián hijo adoptivo de la ciudad.

Especial Hospital La Fe

Portada

La dos

Hacemos Ciudad.Valencia

Actividades

Sociedad

Ciudadania

Turismo.Valencia

Barrios de Valencia

Medio Ambiente

Bioparc Valencia

Breves

Tradiciones Valencianas

Concursos

Centro histórico

Comercio

Exposiciones

Espectáculos

Música

Lo que no te puedes perder

Parque Central Publicidad Centro Histórico

Hacemos Ciudad

Año V - Número 37

Actualizado a 24/04/2011

El Famós, comida tradicional en plena huerta valenciana.

Amparo Ferraro. 7 de Marzo de 2011

1 2 3

Foto: Mª Amparo Montoro.

Foto: Mª Amparo Montoro.

Cuando alguien viaja a Valencia y quiere probar una auténtica paella valenciana hecha a leña no puede dejar de visitar el restaurante El Famós, situado en plena huerta valenciana junto a la ermita de Vera. Por eso, Vicente Navarro junto a su hermano, José Mª, y su hijo ve como continuamente muchos turistas, tanto nacionales como internacionales, acuden a su restaurante curiosos por seguir paso a paso cómo se realiza una auténtica paella.

Hablamos con Vicente Navarro, conocido por nosotros como El Famós. Él se remonta a sus antepasados y nos cuenta como su familia llegó a la huerta de Valencia con la Marquesa de Malferit.  Han pasado muchos años, y en 1880 su familia construyó la barraca y comenzó el negocio que en un principio era el de taberna “con venta ambulante de vino incluida ya que éramos muy conocidos por la calidad de nuestros vinos. Entonces la gente venía aquí a cocinarse su propia paella, y vendíamos de todo funcionando el truque como forma de pago” nos señala Vicente.

“El Famós” destaca que en aquella época mucha gente acudía a la taberna a escuchar la radio porque era de los pocos sitios donde la había. “Esto era un centro de reunión, por la mañana venían los labradores, luego era la hora de los almuerzos, y luego la gente venía a cocinarse su paella”. Además, nos indica que Blasco Ibáñez “debía venir por aquí porque era de las zonas más típicas, y estaba cerca por lo que muchos venían con la tartana a pasar el día”. “Lo típico era comer morcillas en aceite, y había otras tabernas, como era Casa Conole”.

Asimismo, recuerda que ha habido momentos duros “como fue la guerra y la posguerra, entonces no cerramos pero hubo un bache muy fuerte ya que no había dinero. La riada supuso un auténtico desastre, fue un momento malo para muchos negocios, aún así seguimos sin cerrar”.

Auge del negocio

Pero el negocio sobrevivió a todos esos momentos y en 1969 hubo un auge en el negocio. Aquel año murió el padre de Vicente, “era una época en la que en la sociedad se ve un cambio, hay más alegría, optimismo. La ampliación de la Politécnica nos quitó muchos vecinos y como taberna no podíamos sobrevivir. Decidimos dejar el reparto de vino y dedicarnos solo a hacer paellas”.

“Sinceramente no pensaba que esto se desbordara, pero es que viene gente de todas partes, de París, Londres, Italia... Creo que parte de nuestro éxito es que hoy se lleva otro tipo de cocina, y la nuestra es ésta, la tradicional” nos manifiesta Vicente. Calculan que gastan 2.400kg de arroz al año y unos 15.000 kg de leña más aparte la leña que usan de los naranjos. Realizan una media de 12 paellas diarias, y son los fines de semana cuando el trabajo se desborda.

Pintor de familia de músicos

Además, Vicente, con estudios de Bellas Artes, quería disponer también de tiempo para pintar y lo ha conseguido, compagina la pintura con su negocio.

Pero la familia de Vicente Navarro está repleta de músicos, de hecho hace unos años el Ayuntamiento dedicó una calle a su primo Asensio Magraner Perez. “Toda mi familia era músico, pero yo al estar en contacto con Peris Aragó, Casimiro Gracia, entre otros, me declinaba más por la pintura”.

Aún así estudió en el conservatorio, y tocaba el saxo “pero yo no tenía facultades para la música. Yo ya de pequeño con el rabo del burro de mi padre me hacía pinceles, y dibujaba en el suelo y ya entonces un pintor llamado Cortina le dijo a mi madre que ese niño con una escoba pintaría. Y es que yo disfrutaba pintando” destaca Vicente.

Pero a pesar de pintar nunca ha descuidado su negocio. Reconoce que hoy en día las paellas son más finas pero más resistentes. “El material es mejor de hecho ya no se reparan cuando antes cada dos por tres reparabas una paella”.

Desde el año 69 han realizado muchas paellas, y si los cálculos no les fallan consideran que dentro de unos 6 años realizarán su paella número 100.000. Así que si quiere ser el afortunado no dude en ir continuamente a comer a Casa El Famós, y si no lo es el viaje no habrá sido en balde ya que habrá disfrutado, sin duda, de una exquisita paella.

 

 

BLASCO ESCRIBIÓ EN UNA BARRACA COMO ÉSTA

Se dice que Blasco Ibáñez pudo estar en una barraca, bien la de El Famós, u otra cercana, que bajo tenía una bodega, donde escribió el cuento “Venganza Moruna”. A partir de este cuento, el escritor valenciano, escribió “La Barraca”.

Según argumenta el propio autor en el prólogo de su célebre novela La Barraca, pudiera ser que uno de los lugares elegidos para esconderse de las autoridades militares fuera este lugar, ahora convertido en un reputado restaurante "Uno de mis alojamientos fue en los altos de un despacho de vinos situado cerca del puerto, propiedad de un joven republicano que vivía con su madre. Durante cuatro días permanecí metido en un entresuelo de techo bajo, sin poder asomarme a las ventanas que daban en la calle, por ser ésta de gran tránsito y andar la policia y la Guardia civil buscándome en la ciudad y sus alrededores.

(...) Luego para distraerme, quise escribir, y tuve que emplear los escasos medios que el dueño de la casa pudo poner a mi disposición: una botella de tinta violeta a guisa de tintero, un portapluma rojo, como los que se usan en las escuelas, y tres cuadernillos de papel de cartas rayado de azul. Así escribí en dos tardes un cuento de la huerta valenciana, al que puse como título Venganza moruna".

 

Igualmente, según los estudios e investigaciones, se piensa que la ubicación de este improvisado escondite se encontrara cercano a los alrededores del Restaurante El Famós, debido a las peculiares características constructivas en  cuanto a las demás edificaciones circundantes, ya que es de las pocas que se encuentra orientada hacia el oeste, y desde la que bien se pudo escribir esta narración del hermoso paisaje de nuestra huerta " (...) de las techumbres de paja de las barracas salían bandadas de gorriones como un tropel de pilluelos perseguidos, y las copas de los árboles empezaban a estremecerse bajo los primeros jugueteos de estos granujas del espacio (...) despertaba la huerta, y sus bostezos eran cada vez más ruidoso. Rodaba el canto del gallo de barraca en barraca. Los campanarios de los pueblos devolvían con lento badajeo el toque de misa primera que sonaba a lo lejos, en las torres de Valencia, esfumadas por la distancia. De los corrales salía un discordante concierto animal: relinchos de caballos, mugidos de vacas, cloquear de gallinas, balidos de corderos, ronquidos de cerdos, un despertar estrepitoso de bestias que, al sentir la fresca caricia del alba cargada de acre perfume vegetal, deseaban correr por los campos. El espacio se empapaba de luz; disolvíanse las sombras, como tragadas por el follaje. En la indecisa neblina del amanecer iban fijando sus contornos húmedos y brillantes las filas de moreras y frutales, las ondulantes líneas de cañas, los grandes cuadros de hortalizas, semejantes a enormes pañuelos verdes, y la tierra roja cuidadosamente labrada".

 

 

Ver comentarios Enviar a un amigo Imprimir