Año V - Número 37
Actualizado a 24/04/2011
Alejandro Lillo. Valencia, enero'10
Museo de la Ciudad. Valencia
En el Museo de la Ciudad, emplazado en el número 3 de la plaza del Arzobispo, pueden contemplarse una parte importante de las colecciones artísticas y arqueológicas pertenecientes al Ayuntamiento de Valencia. El origen y calidad de los fondos, así como lo variado de las piezas que allí se exponen, lo convierten en un lugar muy recomendado para visitar, pues de alguna manera el museo compendia y resume la riqueza patrimonial de la ciudad del Turia.
La belleza y la historia del propio edificio, también conocido como el Palacio de los Condes de Berbedel, contribuye a resaltar la importancia del conjunto. Por un lado, la monumental fachada del museo, con sus dos puertas simétricas e idénticas, situadas en el cuerpo central, reclaman la atención del visitante; por otro, su privilegiada situación, frente al Palacio Arzobispal y muy cerca de la románica Porta del Palau, la más antigua de la Catedral, hicieron de este inmueble uno de los más destacados y prestigiosos de la Valencia del siglo XIX, siendo habitado por algunas de las familias más importantes y poderosas de la ciudad.
El palacio posiblemente existiera con anterioridad al siglo XVIII. Sus primeros habitantes señalados fueron por los duques de Villahermosa, título éste otorgado a Alonso de Aragón, hermanastro de Fernando el Católico. Sin embargo, a comienzos del siglo XIX, a raíz del asedio de la ciudad por las tropas francesas en el contexto de la Guerra de la Independencia, y como consecuencia del desgraciado derribo del Palacio Real, sito en los actuales Jardines de Viveros, el actual Museo de la Ciudad se convirtió, tras la retirada francesa y durante un corto período de tiempo, en residencia del general absolutista Elío y en Capitanía General. Cuando en 1840 la sede de esta institución se trasladó al Convento de Santo Domingo, el palacio fue adquirido por el Marqués de Campo, sin duda una de las personalidades más importantes y polémicas de Valencia durante la segunda mitad del siglo XIX. José Campo y Pérez (1814-1889), acaudalado comerciante y alcalde de Valencia, impulsor de numerosas reformas en la ciudad, construyó el tramo central de la fachada y reformó el interior del palacio para adecuarlo a sus necesidades y al nivel de lujo que su posición social requería.
El palacio pasó, en 1880, a manos del VII Conde de Berbedel, cuyos blasones aún pueden observarse en la fachada. El citado conde, don José de Prat y Bucelli, casó con una hija de los Marqueses de Dos Aguas. Por la influencia de esta familia, el palacio del Conde de Berbedel, se convirtió en un verdadero museo de arte y antigüedades, pues junto a las lujosas reformas llevadas a cabo por el Marqués de Campo, los Marqueses de Dos Aguas añadieron a ese patrimonio diversas piezas de arqueología, pinturas, cerámicas, telas, monedas, pergaminos, miniaturas, broches, y otros objetos de considerable valor artístico.
Durante el siglo XX, el edificio albergó el Ministerio de Sanidad cuando en 1937 el gobierno de la República se trasladó a Valencia, y finalmente, tras un período de abandono, en 1973 el Palacio de los Condes de Berbedel fue comprado, restaurado y acondicionado por el Ayuntamiento para convertirlo en sede del Museo de la Ciudad.
En la actualidad el museo cuenta con numerosas secciones, como la Histórica de la Ciudad Foral y Moderna Contemporánea, en la que pueden contemplarse piezas muy significativas de la historia de Valencia, como el Penó de la Conquesta o el plano del Padre Tosca. Existe también una sección de litología (lápidas, blasones de piedra, elementos arquitectónicos), y otra, amplísima, de piezas de arqueología, entre las que se incluyen terracotas púnicas, cerámicas y vidrios helenísticos, íberos y romanos, así como abundantes materiales prehistóricos.
El apartado pictórico está también muy bien representado, pues son más de mil las obras que se pueden apreciar, algunas de ellas realmente notorias y destacables, como la Tabla del Juicio Final, de Van der Stock. Pero eso no es todo, pues el visitante también podrá contemplar esculturas, grabados y cerámicas varias; objetos de arte religioso, de forja artística o de arte mobiliar; abundantes piezas de numismática (cerca de catorce mil quinientos ejemplares de diferentes épocas y países), y hasta una sección de pesas y medidas y de cerrajería.
Todo ello conforma un catálogo, como decíamos, muy rico y variado que se puede disfrutar en un único y espectacular espacio, el Palacio de los Condes de Berbedel, facilitando así una visión de conjunto de lo que es y en qué consiste una parte importante del patrimonio cultural de la ciudad de Valencia.
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