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Hacemos Ciudad

Año VI - Número 35

Actualizado a 24/04/2011

Auguste Rodin medita en Valencia

Manuela García. Valencia, noviembre'09

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El Pensador, Auguste Rodin. Foto: Paco Carsí

El Pensador, Auguste Rodin. Foto: Paco Carsí

En esta ocasión, y por motivos de seguridad para las obras expuestas, “Arte en la calle” se traslada de la Gran Vía a la Plaza del Ayuntamiento, donde se podrán ver hasta el 13 de diciembre. Se trata, como en las anteriores ocasiones, de sacar el arte de las salas de exposiciones, devolverlo al espacio público y provocar un diálogo con la arquitectura y con los viandantes.

La obra de Auguste Rodin, el hombre que transformó el arte de la escultura, uniendo el clasicismo con la modernidad, y apostó por exponer sus esculturas al aire libre, visita nuestra ciudad de la mano de siete de sus obras más reconocidas. El pensador, sin duda la más célebre escultura de Rodin, titulada inicialmente El Poeta,  iba a estar coronando La puerta del Infierno representando a Dante. Modelada entre los años 1880 y 1882 en un estilo que mezcla realismo y romanticismo, la obra presenta el gusto del escultor por lo no acabado que tanto admiraba en Miguel Ángel. Rodin se refirió a ella describiéndola como: "Un hombre desnudo sentado sobre una roca (...). Su cabeza sobre su puño, preguntándose. Pensamientos fértiles lentamente nacen en su mente. Él no es un soñador. Él es un creador". El personaje se encuentra imperturbable, sumido en la profundidad de sus reflexiones, librando una dura batalla interna. Rodin expresa esta fuerza a través de la constitución muscular de su cuerpo, el vigor con que se manifiestan las formas, el trabajo de la materia y la naturaleza de su textura dejan entrever rasgos expresionistas.

Por su parte, el 'Monumento a los Burgueses de Calais', está compuesto por seis esculturas con las que Rodin rememora un episodio de la Guerra de los Cien Años cuando el rey inglés Eduardo III sitió esa ciudad y aceptó no destruirla si seis notables se entregaban a él en camisa, con la cabeza y los pies desnudos y una cuerda al cuello, presentándole las llaves de la ciudad. Rodin, que  primero esculpía las estatuas desnudas y luego las vestía -por lo que las que vemos sin vestir son estudios preparatorios-, supo plasmar los sentimientos individualizados de cada uno de los protagonistas al concebirlos de forma aislada. Así, vemos como Eustache de Saint-Pierre, el viejo, guía con fuerza y determinación al grupo; Jean d’Aire aparece resuelto al tiempo que se crispa y tensa los brazos; Andrieu d’Andres, con la cabeza entre las manos, expresa su desesperación; Pierre de Wissant muestra su duda; su hermano Jacques camina decidido y Jean de  Fiennes, con los brazos abiertos, parece interrogarse sobre su cruel destino.

 

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