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Hacemos Ciudad

Año VI - Número 35

Actualizado a 24/04/2011

Antonio Moya
Reveses de fuego

Manuela García. Valencia, octubre’09

Palau de la Música. Hasta el 13 de diciembre.

Supongo que Antonio Moya, que había declarado que ese era “el día más importante de mi vida por el regreso a mis orígenes y mi identidad regional. Me fui de la oscuridad que reinaba en España y presento también en la oscuridad mi forma de ver mi regreso a este país”, se sentiría un poco desilusionado al ver que tras la extensa exposición que nos había dado sobre su pasado y sus proyectos futuros, al finalizar la rueda de prensa todos los periodistas rodeáramos a Mayrén Beneyto para pedirle que nos diera algo de luz sobre el por qué de la retirada de la ópera del maestro Chapí, pero debe comprender que era la noticia del día.

El pintor explicaba su andadura profesional desde que un 7 de marzo de 1973 aterrizó en Venezuela donde ha vivido 3 etapas dentro de su concepción artística: “en la primera de ellas reflejé las impresiones que emergieron en mi la ciudad, el ruido, la política, la oscuridad; en la segunda etapa explore el mundo del Caribe donde comencé a realizar pruebas de instalaciones in situ y para la última regresé de nuevo a la cueva con el color negro como predominante”. El sentido de nostalgia lo tuvo “hace cinco años, cuando observé que comenzaba a aflorar en mi la nostalgia dirigida a una vuelta mental a mis orígenes…, tenía que volver a todo el andamiaje estético y me puse manos a la obra pintando de negro todo mi taller de Caracas y empecé a experimentar con la tiza”. El resultado de este experimento es “la instalación que hoy tenemos delante, en la que se puede vislumbrar el fuego y su reverso. Yo trabajo con guiones, es decir con apuntes estéticos en los que reflejo la idea del pensat i fet,  el flash de la aparición y la desaparición.”.

En la muestra se presentan 20 obras impresas en tela que tienen su negativo en las paredes que las alberga, pintadas para la ocasión totalmente en negro, sobre las que el artista ha pintado con tiza, un material del que está enamorado, el reverso de sus propias obras de arte y que reflejan fuego, luz, violencia, con algunas alusiones a Valencia y hacen referencia a la tierra, el infierno, la claridad...; seis paellas (no piensen en una paella, sino más bien en una especie de plafón) en vidrio y, finalmente, una biblioteca de botellas de vino decoradas y en las que aparecen muchos nombres de artistas.

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