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Hacemos Ciudad

Año VI - Número 36

Actualizado a 24/04/2011

Museu d’Historia de Valencia

Manuela García. Valencia, agosto’09

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Museo de Historia de Valencia

Museo de Historia de Valencia

Empezamos un recorrido que nos va a llevar por todos los espacios culturales que se abren a lo largo de la línea del 95 en un recorrido por los márgenes de nuestro antiguo río Turía, hoy convertido en un espléndido parque para solaz de todos los valencianos y visitantes. Y lo hacemos con uno de los más recientes y modernos Museos de nuestra ciudad el cual, tal vez por estar en un emplazamiento alejado del centro histórico de la ciudad, aún no es lo conocido y visitado que debiera ya que alberga, nada más ni nada menos, que los 22 siglos de historia que nuestra ciudad tiene.

El Museo de Historia de Valencia está ubicado en uno de los edificios más emblemáticos de la arquitectura industrial valenciana. Un antiguo depósito de agua que Idelfonso Cerdá, un joven ingeniero y su homólogo francés Leodegario Marchessaux, ejecutaron con un proyecto diseñado por el ingeniero de Caminos y Canales Calixto Santa Cruz, dando con ello lugar a que el 18 de noviembre de 1850 se inaugurara el servicio de agua corriente en Valencia. El sistema captaba el agua de una presa sobre el río Turia a la altura de Manises y la hacía llegar, tras pasar por filtros y balsas se decantación, hasta una canalización subterránea que la conducía al corazón del sistema, el depósito construido junto a la cruz del término de Mislata, desde donde era distribuida por la capital. El depósito esta formado por un laberinto de doscientos cincuenta pilares que sostienen una cubierta formada por once bóvedas de medio punto realizadas con ladrillos procedentes de Manises y Aldaya.

Este espacio, en desuso desde mediados del siglo XX, ha sido el elegido finalmente para ubicar este museo. Pero, como su director, José Martí, nos recuerda la vocación de formar un museo de historia de la ciudad cuenta una tradición antigua cuyos orígenes se pueden remontar a 1927 cuando se creó el Museo de Arqueología y Arte de la Ciudad con la intención de reunir todos los objetos pertenecientes al patrimonio municipal en una sede común, aunque, como tantas veces ocurre, no se le asignó ni personal ni locales. Anteriormente, hacia 1921, Vicente Blasco Ibáñez había promovido la creación del Museo de Etnografía y Folklore de Valencia para evitar el proceso acelerado de desaparición de las formas de vida tradicionales valencianas y reunir en él “las glorias de nuestra raza, todo nuestro pasado y todo nuestro presente”. La guerra civil paralizó la iniciativa y la victoria franquista abortó definitivamente la idea.

Después de muchas vicisitudes la rehabilitación del antiguo depósito de aguas abrió el camino para instalar allí el museo de historia de la ciudad y en 2002 se aportaron  los recursos necesarios para llevarla a cabo. Juan José Garrido fue el encargado de una restauración hecha de manera muy respetuosa con el edificio ya que se limitó a retirar el revestimiento hidrófugo que recubría los pilares permitiendo la visión de los ladrillos en toda su rotundidad. Una innovación fue la de la impactante fachada en la que una cascada de agua resbala por el frontispicio, al tiempo que en él se abren dos grandes puertas de acero corten. El rumor del agua en su caída recuerda al visitante el origen del edificio.

Desde el punto de vista organizativo, el Museo sigue una mecánica muy innovadora mediante la que se ha recreado la historia a base de breves escenas dramatizadas que reproducen con rigor el contexto histórico de cada momento. Lo que da como resultado un planteamiento museográfico muy actual, completamente orientado a la comunicación con el visitante, y con un acertado empleo de nuevas tecnologías audiovisuales que hacen del Museo una de las propuestas museísticas más relevantes del panorama actual.  Hace un recorrido desde la Valencia de la época romana hasta el s. XX, y para ello dispone de una serie de vitrinas que guardan los hallazgos arqueológico, tesoros numismáticos, obras artísticas, documentos, carteles, libros, revistas, juguetes, máquinas e instrumentos científicos de cada período de tiempo combinados con una serie de audiovisuales que acercan las costumbres de cada una de las ocho etapas en las que se ha dividido la historia de la ciudad:

1.- Valentia romana, fundación y organización del territorio.

2.- Balansiya. Las transformaciones introducidas por la cultura musulmana.

3.- Valencia en la Edad Media

4.- De las Germanías a la Nueva Planta

5.- Valencia Borbónica

6.- La ciudad del vapor. De las revoluciones liberales a la consolidación de la sociedad burguesa.

7.- La modernidad truncada. El blasquismo. La segunda república....

8.- La Valencia vivida. La transición democrática. Cómo éramos y como somos.

Junto a las colecciones arqueológicas y artísticas se pueden ver también objetos cotidianos que sirven para ilustrar cada etapa histórica. Por ejemplo, a los pocos pasos de iniciado el recorrido ya nos llama la atención la reproducción de una vivienda romana; las enormes bolas de piedra lanzadas por las catapultas de Jaime el Conquistador en su asedio de las murallas de Valencia y objetos tan variados como trajes de época o hasta una moto Vespa que sirve para dar cuerpo a la década de los 60 del siglo XX. De época visigoda hay algunas piezas de valor, como una hebilla de cinturón muy decorada del siglo VII, hecha en bronce. De la larga dominación árabe se exponen piezas muy interesantes como una puerta de una vivienda constituida por un arco angrelado, restos de columnas y, sobre todo, una magnífica colección de cerámica, incluyendo un soberbia jarrita esgrafiada con un texto poético perteneciente al primer tercio del siglo XIII. De la Edad Media se muestran piezas tan disímiles y espectaculares como proyectiles de catapulta empleados en el asedio de Jaime el Conquistador, y en el plano más artístico y pacífico, una enorme gárgola que, al verse a poca distancia y no en un lejano alero, nos muestra expresivamente el gran tamaño de éste y otro tipo de piezas escultóricas de nuestros templos medievales. Más pequeñas, pero de gran hermosura son varios recipientes y platos de loza verde y manganeso del siglo XIV y que representan, entre otros motivos, a un dragón y un león rampante.

El Museo de Historia de Valencia no centra la atención del visitante en las obras de arte, que más bien parecen tener un papel secundario -a pesar del valor de muchas de ellas- y ser empleadas como ejemplo de lo que se comunica mediante texto y voz, sino que las explicaciones de los veintidós siglos de la historia de Valencia se dan en paneles ricamente ilustrados y con textos explicaciones y sobre todo en audiovisuales que el propio visitante puede seleccionar. Audiovisuales que representan situaciones costumbristas de las distintas etapas históricas, interpretadas por actores y en los que se huye de la habitual preponderancia de los hitos políticos y guerreros en la historia centrando la atención en las costumbres, creencias y relaciones entre las distintas clases sociales y sexos. En todos estos episodios, donde distintos personajes conversan sobre sus asuntos, no se ahorra al espectador de las sombras y miserias de la historia de Valencia, que como cualquier ciudad de larga historia, ha vivido las injusticias de la esclavitud, la violencia, la discriminación social, racial y religiosa, el machismo y otras situaciones contemporáneamente inaceptables.

El centro del espacio expositivo esta presidido por la Máquina del tiempo un elemento tecnológico en el que, con ayuda de un espectacular cuadro de mandos de lo más cibernético y una amplia pantalla, el espectador puede avanzar y retroceder por la línea temporal desde el siglo II a.C. hasta el XXI y conocer cómo era el urbanismo de la ciudad de Valencia. Mediante una serie de localizaciones especiales, el visitante al mando de la "máquina" puede acceder a información ampliada de los edificios importantes de la Valencia romana, árabe, cristiana, etc. como sus murallas, templos, foro, parroquias, catedral, edificaciones modernas, etc.

Probablemente el mayor logro del museo sea el haber conseguido recrear, con el uso de tecnologías audiovisuales, con formatos que están a medio camino del teatro, del cine o de la televisión una historia de dimensiones humanas, sin gráficas ni porcentajes pero poblada de personas y en donde los objetos se presentan con la mezcolanza y diversidad que caracteriza a la realidad.

Finalmente, ofrece algo que todo visitante agradece, una gran y tranquila sala de reflexión y reposo, la Mediateca, donde se puede escuchar música y recitaciones de poemas o consultar los diferentes libros que ofrece le Museo.

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