Año VI - Número 33
Actualizado a 24/04/2011
Fernández Hueso. Valencia, jun´09.
Aprovechando la invitación de la dirección de Bioparc Valencia para asistir a una convocatoria de prensa en la que se presentaba el “Programa de reinserción de driles en Nigeria” que está llevando a cabo Rain Forest, empresa propietaria de Bioparc Valencia, y cargados conforme íbamos con nuestros pertrechos fotográficos nos animamos a “distraer” un día de trabajo normal en la redacción y disfrutar de un día entero al aire libre en las instalaciones de este gran parque zoológico de nueva generación que recrea distintos hábitats africanos como son la Sabana, el Àfrica Ecuatorial y la isla de Madagascar.
El día era caluroso y a priori no invitaba a pasear cargados pero había en nuestro ambiente un cierto pique de quién y con que cámara, analógica o digital podría obtener las mejores fotos de la jornada. Bien fuera del colorido del paisaje o de los propios animales y sus costumbres. Los fotógrafos Katy Lautert, Amparo Montoro y Paco Carsí.
Es cierto que nada más penetrar nos cautivó los sonidos de este fascinante zoo que te envuelven dando la sensación de encontrarte realmente en el corazón de África. Rápidamente nos encontramos con un nutrido grupo de flamencos y un tántalo africano que parecía desperezarse abriendo y batiendo sus alas. Aprovechamos para disparar en ráfaga nuestras máquinas, shiip, shiip, shiip, recogiendo el movimiento y las elegantes poses de cuello y patas. Esto nos animó bastante a proseguir nuestro safari fotográfico.
Al traspasar una doble puerta nos adentramos en el reino de los lemúres que tardamos en descubrir pues estaban escondidos refugiándose del calor y así camuflados entre las ramas nos vigilaban con sus grandes ojos. Fue por la tarde con sol de poniente cuando nos rodeaban y saltaban con sus rápidos movimientos de sus largas colas anilladas, shiip, shiip, shiip.
Siguiendo nuestro recorrido nos encontramos con el hipopótamo pigmeo que apenas asomaba la cabeza y se descubre por el brillo de su piel mojada. Nos dimos cuenta que los niños encontraban más rápido a los habitantes del Zoo que nosotros mismos, así que comenzamos a seguirlos.
Poco a poco recorrimos el trayecto del África ecuatorial en el que encontramos hasta llegar a los elefantes: fosas, dríles, cercopitecos, talapoines, sitatungas, cocodrilo enano y serpientes y nutrias que se zambullían. Son de agradecer los túneles con agujeros de formas naturales, a modo de grandes troncos de árboles huecos.
Búfalo rojo, potamoquero, pelícanos a los que por la tarde fotografiamos a la hora de comer con sus grandes picos abiertos tragando pescados enteros. Shiip, shipp, shiip.
Bongo, grulla coronada de cuello negro, duiker y leopardo negro son algunos de los animales que encontramos hasta llegar a la gran zona de los chimpancés y gorilas que se interrelacionan entre sí donde obtuvimos excelentes fotografías, shiip, shiip, shiip, de cómo un chimpancé, suponemos que hembra, ayudaba a la mamá gorila a sujetar a su pequeña cría que se caía de su regazo. Y también del gorila macho que nos miraba tumbado detrás del grueso cristal protector sin inmutarse por el ajetreo de los humanos que manoseaban el cristal para llamar su atención. Su mirada fija parecía mucho más inteligente que la nuestra. Nos gustaría saber que estaba pensando de nosotros en ese momento. Y así llegamos a otro gran espacio el de los elefantes pero ese espectáculo de su baño lo contaremos en el próximo capítulo así como nuestras dudas y comentarios acerca del comportamiento animal durante la charla con Gonzalo Fernández Hoyo, director técnico de Rain Forest y la investigadora Ainare Idioaga con sede en Nigeria con los que coincidimos en mesas colindantes durante el almuerzo.
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