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Hacemos Ciudad

Año V - Número 26

Actualizado a 24/04/2011

SIEGFRIED. tercera parte de la Tetralogía wagneriana Der Ring des Nibelungen.

Manuela García. Valencia 11/06/08

Fura dels Baus. foto:  Benito Pajares, El MUNDO.

Fura dels Baus. foto: Benito Pajares, El MUNDO.

Palau de les Arts. Días 10, 14, 17, 22 de junio

Siegfried, tercera parte de la Tetralogía wagneriana Der Ring des Nibelungen (El anillo del nibelungo), se acaba de presentar en el Palau de les Arts, de la mano del maestro Zubin Mehta, y con la colorista puesta en escena de La Fura dels Baus. Una versión llena de la luz del Mediterráneo que nos presenta a un Siegfried, según Padrissa, responsable de la dirección escénica, 'en permanente estado de combustión' que 'persigue el ideal de justicia para todos', para lo cual la Fura ha construido un espacio 'vivo' con proyecciones de vídeo en tres dimensiones, elementos móviles como una estructura de unos quince metros de longitud que asemeja a un bosque y un dragón articulado de once metros movido por motores de precisión milimétrica, acróbatas, fuego y suelos de cristal que reflejan 'la dualidad' del personaje, para una obra a la que 'no se puede ir con racionalidad, sino con el corazón'. Con todo ello se ha conseguido mantener en vilo al público que llenaba la sala el día del estreno a lo largo de este extenso drama musical de cinco horas.

Dentro de la programación del I Festival del Mediterráneo, los días 13 y de 19 de junio, a las 22:30 horas, el Palau de les Arts abre al público la escenografía que La Fura dels Baus ha creado para la Tetralogía de Wagner, en un espectáculo en el que la luz será la protagonista. Piscinas con sirenas, grúas, móviles, gigantes, péndulos con 30 personas suspendidas, un ángel trompetista, el dragón de ?Siegfried?, teatro aéreo y una red humana compuesta de 42 personas levantada con una grúa son sólo algunos de los elementos que conforman Anell de llum, todo ello aderezado con la música del Anillo del Nibelungo de Wagner. Estos elementos escénicos y audiovisuales ocuparán la fachada, la pluma y los balcones del coliseo valenciano conformando un espectáculo para todos los sentidos que combina cultura, ciencia y deporte.

Pero no podíamos acabar esta reseña sin hacer referencia a la pasión que Blasco Ibáñez sentía por la música, a la que amaba tanto o más que a la literatura. Especialmente Wagner le apasionaba, su apoteósica música exaltaba su viva imaginación y soñaba con los dioses y los héroes mitológicos como Siegfried, nombre que pondría a uno de sus hijos. Esta inclinación aparece de forma destacada en Entre naranjos, novela de la que Azorín diría que 'si hay una novela española de espíritu wagneriano, esa es Entre naranjos'.

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